El sábado pasado acabamos una sesión más de las visitas nocturnas al cementerio de Palma y tuve la sensación de estar viviendo con Carlos Garrido, y el fantástico equipo que compone el espectáculo, una experiencia homérica.
Como sacada de una leyenda de la mitología clásica nos encontramos primeramente en las puertas de las tierras de los muertos, el Hades. Nuestro Cerbero particular se encarga de mediar la entrada y salida de los visitantes que, aunque no es un can de tres cabezas, lo conforman tres personas distintas, que al igual que el perro de Hades negaba la entrada de los vivos al inframundo, nuestro trío de porteros se encargan de confirmar las reservas previas, cobrar la entrada y dejar pasar al camposanto a quien haya cumplido los requisitos.
Una vez que las personas disponen de su entrada se acercan al director del recorrido, Carlos Garrido, que por momentos se convierte en una especie de Caronte, y como si la entrada fuera el óbolo que las almas debían tributar al barquero, les guía entre sepulcros a través del espacio y el tiempo.
Una figura que aparece en algunas culturas y mitologías, tal como explica Garrido en la introducción del recorrido, es la del psicopompo, el "guía de las almas". Este papel, que en la mitología griega era desempeñado ocasionalmente por Hermes, en nuestro inframundo particular, es desempeñado por la actriz Laura Dalmau, que, fácilmente confundible con un espectro, se encarga de acompañar a los visitantes en la aventura nocturna.
Por otro lado no es de extrañar que cerca del final del recorrido nuestro actor Enric García nos relate la bajada a los infiernos de Dante Alighieri antes de entrar en las catacumbas, territorio que sí que parece parte de otro mundo.
Acompañados por la guitarra de Pep Toni Brotons la gente recorre los pasadizos subterráneos donde el mundo exterior no tiene valor para salir en lo que podría ser una imagen de los Campos Elíseos, ese ficus legendario que casi podría ser tan antiguo como las historias que ahí se narran.
Avanzando un poco más se acaba el recorrido con la música y voz de Mariona Forteza que muy perfectamente podría ser la diosa Perséfone en una encarnación inocente y benévola, que permite, con una canción emotiva, marchar de este mundo onírico y espiritual a todo visitante que haya querido adentrarse en nuestra singular visión del averno.
Este viernes re-estrenamos la versión 1.2 de las visitas nocturnas en el castillo de Bellver.
El castillo de Bellver es un lugar misterioso, que aún hoy en día guarda muchos secretos. Cada habitación, cada piedra gastada por el tiempo y cada señal, aparentemente imperecedera que se marca en la pared, son los vestigios de muchas historias que se esconden en sus muros de piedra.
Tengo el honor de contar con ciertos privilegios que sólo tienen los trabajadores de la fortaleza mallorquina, como poder pasear por sus habitáculos a oscuras con la luminiscencia lunar como única guía. Algo curioso, aunque no parece ser importante, es que a pesar de ser una fortificación semidesnuda, sus anchas habitaciones no provocan ningún tipo de pavor en la noche. Sólo hay una enigmática sensación de protección, sin ecos de un pasado oscuro ni más señales de sus antiguos habitantes que las que dejaron grabadas en sus paredes.
Podremos visitar mil y una veces el castillo, recorrer sus estancias, leer sus crónicas hasta memorizarlas, imaginar sus historias una y otra vez y aún así descubriremos algo nuevo la próxima vez que vayamos. Así es el misterio que envuelven las murallas de Bellver. Puede que sea un renglón que pasamos por alto, o una marca en la pared, casi imperceptible, escrita por algún proscrito en los tiempos de guerra o quizá sea una visión concebida por uno de sus majestuosos ventanales pero siempre hay algo nuevo por descubrir, siempre hay un secreto latente esperando a ser revelado.
Durante el mes de septiembre iluminaremos las noches del castillo de Bellver con una visita única que ofrece muchas experiencias difíciles de conseguir como la oportunidad de pasear con una iluminación poética, que nos trasladará al medievo donde conoceremos a personajes ilustres y entrañables: reyes, trovadores, juglares, científicos, alquimistas...
Viajaremos a través de la historia, cruzaremos la delgada linea que separa la realidad y la ficción y nos sumergiremos una vez más en el misterio y la fantasía.
Me da mucho que pensar la forma en la que abandonamos viejas costumbres para asumir unas nuevas totalmente incoherentes. Estoy de acuerdo en la evolución, hay que ir descartando tradiciones absurdas para dar paso a una nueva orden de actos mejorados, pero no siempre es así.
En el caso más claro me quiero referir a la "Higiene". En el camino a la construcción de un mundo más limpio hemos creado justo lo contrario.
No hace tanto tiempo, nuestros abuelos utilizaban, para sus retoños, pañales reutilizables. Hoy en día parece una porquería, pero realmente no tiene nada de malo lavar unos pañales de tela. Lo mismo podía pasar con los pañuelos, recuerdo a mi abuelo, en paz descanse, que siempre llevaba un mismo pañuelo para sonarse la nariz y que cuando algún nieto necesitaba limpiarse los moquetes ahí estaba el mismo pañuelo. ¿Qué pasaba luego? Ese pañuelo se lavaba y ya está. Simple, limpio y eficaz.
Ahora todo es desechable, los pañales, los pañuelos, las botellas, ¡Incluso los teléfonos móviles empiezan a ser desechables!
Aunque en principio un Kleenex es más higiénico para las personas puede que no lo sea tanto para el medio ambiente. No hay un sólo día en que el camión de la basura recoja un contenedor que no esté rebosante de desechos.
Foto: UltimaHora.es
A Tyler Durden, protagonista de El club de la Lucha, se le puede encontrar hablando de su mundo ideal en un momento de reflexión:
"En el mundo que imagino se cazarán alces en los bosques húmedos de los cañones que rodearán las ruinas del "Rockefeller Center". Se llevarán ropas de cuero que durarán toda la vida. Se trepará por lianas tan gruesas como mi muñeca que envolverán la torre "Sears". Y cuando se mire hacia abajo, se verán pequeñas figuras humanas machacando maíz y secando tiras de carne de venado en el asfalto de alguna gigantesca autopista abandonada".
Nuestros antiguos trataban al planeta como si de una diosa se tratara, me parece lógico si cogemos como punto de vista que somos sus inquilinos. Pero ahora un nuevo método de visión atraviesa los conceptos éticos y morales. Debemos consumir, tenemos que gastar, no somos esos acólitos bienaventurados que cuidan de su madre naturaleza, ahora somos consumidores. ¿Quién podría ganar beneficio de la destrucción de nuestro hogar, los grandes empresarios? Por qué nosotros no.
No somos dueños de nuestro mundo ni nuestro mundo es nuestro dueño. Vivimos en simbiosis, el planeta es un enorme Ying Yang giratorio que necesita un equilibrio entre todas sus especies.
Tengo 22 años en el momento que escribo esto, me encanta la naturaleza y, ni en la ciudad, ni el mar, ni la montaña he dado nunca un paseo en el que no haya visto desechos o desperdicios en el camino.
¿No sería más práctico seguir el ejemplo de nuestros antepasados y seguir conservando un mundo limpio?
¿Acaso la solución que buscamos es un mundo de usar y tirar?
¿Alguién se acuerda de la película de Disney: Wall-E? Ese futuro no está tan lejos.
Hace poco conocí una pequeña hada, de esas que salen en los cuentos para niños y de las que muchas veces nos negamos a aceptar su existencia. Se llama Lucía y su pequeño reino encantado, resumido físicamente por las cuatro paredes de su puestecito navideño en Plaza España, alcanzaba hasta donde alcanza la imaginación.
Desde un principio la he visto como un barco de vela sin ancla, llevado hacia donde sopla el viento pero sin poder amarrarse a un lugar concreto.Sentíamos que se iría pero con la esperanza de que si mirábamos al horizonte la podríamos volver a ver pasar.
Dedicando su vida a crear una serie de collares "mágicos" que elevan el alma de quién los lleva, y otras artes místicas de energía y sanación, la he visto ayudar desinteresadamente tanto a criaturas perdidas en el camino de su interior como a personas enfermas y necesitadas.
La verdad es que muchas veces me niego a creer que se trate tan solo de un recuerdo en la memoria de muchos y un milagro en la de otros, el amor es su doctrina y el cariño y el afecto son sus dos medicinas contra los males varios.
Tal vez sea que las buenas cosas se van pronto para que se puedan compartir, tal vez sea que los cuentos de hadas son siempre cortitos, pero tal como vino se fue y ha dejado un hueco de dos metros cuadrados ahí donde estuvo su puestecito.
En la vida todo sucede por una razón y tras varios consejos sabios y profundos me ha dado razones para creer.
Ahora creo en la luz.
Ahora creo en la fantasía.
Ahora creo en los duendes y en las hadas.
Hace poco conocí la cara oculta de Ibiza, una isla que sufre una inmerecida fama poligonera y que en verano se ve obligada a alojar turistas en busca de experiencias banales y luces de discoteca. La faceta que yo conocí es la que duerme en verano y vive en invierno.
Mi visita fue tan breve como lo puede ser la misma isla. Aún así, Ibiza se me antojó totalmente romántica, minimalista, una isla sibilina que bien podría ser parte de una poesía o de una canción. A pesar de ser una ínsula firme no es mar lo que la rodea, son sueños y sentimientos. Si caminas atento por sus calles puede que lentamente te cuente algún secreto, si no lo hace te deja la impresión de que hay algo que se te escapa, pero es una sensación agradable, como si se te impregnara de una energía positiva.
Dos veces he pisado su suelo y 24 no han sumado las horas de cada una de las visitas. Quizás su hechizo reside en el pequeño tamaño de la misma, la magia y las personas deben compartir el mismo espacio para existir.
He tenido el placer de compartir buenas compañías y buenas conversaciones, gozando de un tour al mando de un buen artista como lo es Ramón Mayol, del cual me llevo recuerdos tan intensos como cortos en duración, y sin menospreciar la vital presencia de la actriz Laura Dalmau, que, a pesar de estar enferma, deslumbró con su actuación en el Club del Diario de Ibiza.
En el último tramo del recorrido, tuve el placer de visitar su cementerio antiguo, y nada que ver con el nuestro. Es cierto que después de tanto tiempo pasado en el cementerio de Palma he acabado adquiriendo un gusto "macabro" por la belleza sepulcral. El cementerio viejo de Palma es más bien tosco al lado del suyo, tan bien organizado que parece un pequeño pueblo cercado. La primera impresión que me vino a la cabeza fue: "¡Qué ibicenco!" Es verdad, Ibiza tiene un color único, un sentido y una razón de ser que no comparte con el resto de lugares, incluso en el cementerio.
Para terminar mi viaje no podía irme sin pasar por "Ca na Palleva". La casa pagesa que se convirtió en el icono del movimiento antiautopistas de Ibiza, que fue derribada ante la pena de los lugareños. Con el cambió de gobierno insular se prometió un homenaje a la casa y pusieron "Ca na Palleva" a la rotonda que ahora mismo ocupa el lugar en el que estaba la casa.
El homenaje que realmente se merece es esta canción de Carlos Garrido:
Nuestro amor ha sido muy breve, como un romance de verano pero con frío y misterio. Si alguna vez pasais por allí dadle recuerdos de mi parte y si dice no saber de mí es que me guarda entre uno de sus miles de secretos.
El amor no conoce de razas, el amor no conoce de edades, el amor no conoce de especies.
El amor es un sentimiento sin condición, sin reglas ni artificios. Por eso no tiene más límite que el cariño de su portador. Así es como de la misma manera que sentimos amor por nuestra persona más querida o por el mismísimo arte podemos sentir, sin equivalentes, amor por nuestros animales.
Este es el caso de Bruc, un bóxer que acaba de dejarnos recientemente, aunque sólo sea en cuerpo presente. Su dueña y compañera es una de esas personas que con sólo dedicarte unas buenas palabras te alegran el día. Esta chica, muy enamorada de su perro le dedicó una página de Facebook para transmitirle deseos y energía a su afligida mascota cuando no se encontraba bien del todo. En poco tiempo consiguió que más de dos centenares de personas se enamoraran también de él.
Todos pudieron ser testigos de la evolución de Bruc, que luchó contra su enfermedad como un gran campeón, dando ánimos los días malos y celebrando los buenos. Formamos parte de una privilegiada comunidad en la que únicamente se transmitía energía positiva y afecto. Aunque Internet fuera el hilo conductor los buenos pensamientos nacen del corazón y de corazón en corazón nos unimos en un movimiento social del cual aprendimos los valores que sólo los seres puros pueden enseñar.
Foto: Judith Contioso
Unidos hemos compartido alegrías y tristezas, hemos aprendido que siempre hay alguien para escucharnos y comprendido que si un animal es capaz de unir tantos sentimientos de personas tan distantes en un mismo lugar es que el cielo está reservado para ellos.
Todos, cuando miremos al cielo, sabremos que descansa un ángel de cuatro patas y que su manifiesto es el amor que ha sentido y nos ha hecho sentir.
Gracias Bruc, allá donde estés, sé feliz.
Dedicado a Pili Ruiz Sanchez, gracias por contagiarnos tu alegría y ofrecernos siempre buena energía incluso en los peores momentos.
El pasado día 31 pude asistir a la manifestación en contra de las corridas de toros celebrada en Inca.
Desde la plaza del ayuntamiento hasta la misma plaza de toros se llevo a cabo una triste procesión en la que algunos activistas cargaron las tumbas metafóricas de los 6 toros que morirían esa misma tarde. La manifestación, por parte de los manifestantes, se mantuvo en su línea pacifista, reclamando derechos animales y esperando el fin de esta barbarie que no tiene nombre ético ni humano.
"Las corridas de toros es una cosa de España y hay que conservarla" decía un taurino jubilado. Completamente de acuerdo con la opinión de que es una tradición centenaria puedo sugerir el resurgimiento de algunas tradiciones de nuestros ancestros hoy olvidadas como el garrote vil, la quema de brujas (que las hay) y la compra-venta de esclavos.
La sociedad necesita una evolución constante, no hemos de olvidar de donde venimos pero no podemos anclarnos a tradiciones salvajes que incumplan la ética y la moral establecida en nuestra pacífica actualidad. Hemos de conservar la dignidad y la sensibilidad para poder transmitirle pautas correctas a las generaciones venideras.
¿Qué clase de educación moral pueden recibir esos niños que, obligados por sus progenitores, asisten al asesinato de un ser con sentimientos desprotegido?
En Muro unos padre enseñaban a su hijo, menor de 5 años, a realizar un corte de mangas en contra de los antitaurinos y cuando el niño, al que le costaba mucho encajar los dedos, consiguió realizar tan grato insulto le aplaudieron. Tras esa patética actuación sólo puedo decir "¡Bravo!"
Hoy son niños, mañana puede que sean asesinos o maltratadores. Hoy forman parte del colectivo de la inocencia, aunque posiblemente ya la hayan perdido en parte, mañana serán parte de la página de sucesos de los periódicos. Puede que maltraten a sus mascotas, puede que a sus mujeres o con un poco de suerte sólo maltrataran a sus padres... ¿Qué podemos esperar?
Siento vergüenza ajena... y lástima por los infantes.
El perfil del visitante a una plaza de toros es el de una persona violenta, provocadora, inestable... tienen miedo de perder ese fragmento de corrupta sociedad al que llaman "cultura".
Pudimos ser testigo de agresiones verbales y gestuales de gran índole ofensiva y humillante. Incluso una mujer a la que se identificó como "Presidenta de la peña taurina de Muro" agredió físicamente al portavoz de la manifestación que con suma sangre fría y nervios de acero se mantuvo sereno sin contestar ni hacer ademán de defenderse.
"Bella arte del rejoneo" rezaba el cartel. Para añadir un punto de "cultura" especificaremos cuales son las bellas artes: Arquitectura, danza, escultura, música, pintura, literatura y como último lugar el cine. El torero y el rejonero no entran en ninguna de las categorías de bellas artes.
El arte se representa con belleza, con la intención de evocar ideas o emociones. La tauromaquia no puede considerarse "arte" por que no cumple ningún requisito.
Por lo tanto no tiene cabida en el mundo artístico.
Una tradición que no pertenece ni al mundo artístico, ni al ético, ni al moral no tiene cabida en la sociedad moderna ni puede formar parte de ninguna doctrina utópica. Algo que sólo puede traer tristeza y mal merece erradicarse, la historia lo recordará como un capítulo trágico que no debe repetirse y nosotros viviremos para ver su final.
(El vídeo de a continuación fue grabado en la misma corrida por un aficionado, puede [y seguramente lo haga] herir la sensibilidad de quien lo vea.)
Sed felices... hay criaturas que no han tenido la oportunidad de serlo.